jueves, 28 de diciembre de 2017

Palestina duele de lejos



Duele Palestina con el dolor de lo posible, de lo que viene y se nos viene a todos.  Las manos de sus niños andan por ahí, elevando plegarias, alzadas al cielo, sólo que separadas de sus cuerpos. La casa que ayer albergaba a una familia, hoy es la lápida que sella con horror y rastros de fósforo, la infamia de un pueblo elegido para la carnicería. Sobre esa lápida se edificará un kibutzim santificado por la sangre de los muertos, de los niños, de los ancianos muertos, de las madres y de las nulíparas, de los que esperan la muerte arraigados a lo único que poseen, su pedazo de tierra, un quinto de un pan sin levadura.
Todas las creencias y lugares santos observan tu cadalso impúdicamente como el público de un bodrio de Spielberg donde el demonio ha sabido muy bien vestirse con la piel de una oveja.
Como no existe un Picasso que pinte su alma sanguinaria, el kish de las cadenas de televisión desarrolla la mejor trama que la Babilonia de Los Ángeles ha escrito para el mundo. Los muchachos de la película le han cedido su lugar a los patrocinantes. Ahora son invencibles, han logrado convertirse en las armas más perfectas de manipulación masiva. Son ellos, los nuevos muchachos de la película, los que matan, y los muertos son pequeños niños a los que les ha tocado el papel de la maldad, la maldad en el papel. No hay hombre santo ni religión que diga algo de esta infamia. Todos callan, callan, callan.
Te quieren doblegar Palestina. Tus primos, tus parientes, se creen elegidos, se creen los que eligen, se creen los que serán elegidos. El mundo te da la espalda Palestina y tú le pones la cara al fusil del mundo. Le pones la mirada de tus niños que ven venir las bombas.
El dios dólar te dispara. El dios de los usureros,  de los especuladores, de los transgénicos, de la comida chatarra. .
El dios petróleo justifica tu martirio, te delata, te entrega.
El dios yuan deja que tu enemigo, quien es su enemigo, descargue sobre ti la ira milenaria de todos los dioses que viven en el infierno.
Te quieren Goliat y eres David. Te quieren como quiere un mercader al callejón que lo llevará a incrementar sus ventas. Te quieren para los próximos éxitos de taquilla. Te quieren con el odio de la Nestlé.
Cuando vengan los comerciales y vayamos a la cocina a buscar el alimento o a tomar la medicina que nos vende Sión, secretamente estaremos siendo palestinos, unos palestinos a largo plazo. Beberemos y masticaremos como tú, nuestra muerte, después nos sentaremos a ver la tuya, porque, aunque cerca, Palestina duele de lejos.

miércoles, 6 de julio de 2016

Alí, el desubicado


A todos aquellos que viven reivindicando el canto militante del “panita Alí”, un canto que supo él muy bien deslindar de la “mariquera” de la llamada canción de protesta, especie de subgénero payolero de las décadas del 60 y 70, les hago llegar estas reflexiones a propósito de haberse celebrado un año más de su nacimiento.

Desconozco las razones que motivaron a rendir un homenaje pedestre a la figura del “Cantor del Pueblo” en la autopista. Debo reconocer que la escultura es una muestra valiosa de técnica y que el artista expresó en forma profunda y llana lo que era el espíritu de Alí: su imagen en actitud desafiante, poniendo en alto su cuatro, como si fuera un fusil. Ese es Alí.


Lo que no logro entender es qué motivó que ese monumento, del cual de seguro el propio Alí se hubiese desmarcado con un ¡carajo! bien puesto, se ubicara en ese espacio tan alejado de la raíz del pensamiento de nuestro Padre Cantor. Sin embargo Alí está ahí, mirando hacia el este de la ciudad y cerca de donde siempre estuvo, El Valle.


Para los que transitamos a diario por la autopista del Este y vemos esta singular muestra de reconocimiento a quien en vida se opuso a toda muestra de reconocimiento, no deja de llamarnos a la reflexión: ¿qué pensaría el panita Alí de esta vaina? y…qué diría de su ubicación tan distante del pueblo de a pié a quien dedicó todo su canto rebelde.


La cosa de la ubicación de nuestro rígido Alí se complicó aún más cuando se comenzaron a realizar los justos trabajos de vialidad y, El Panita quedó como esquivando el brazo del nuevo distribuidor que conecta la autopista sentido La Rinconada con los túneles de El Valle y a través de ellos con la Caracas a la que siempre le cantó.


Ya de entrada hay que destacar el conjunto en el cual ubicaron la estatua: Un bodrio de la más pura estética posmoderna que mezclaba una pirámide, unos cultivos organopónicos y las esculturas en relieve de los perfiles de nuestros caciques indígenas. Esas muestras disímiles de la mente de algún intelectual prereformista y poscapitalista, están ahí como esperando que alguien arregle la pea del imaginario nacional.


Peor aún es saber, para quienes tenemos más de 40 años, que ese mismo terreno donde hoy se halla dispuesto el tan inconexo conjunto era un espacio donde los habitantes de El Valle y Coche armaban sus caimaneras los fines de semanas y los conductores en vez de esquivar conos, operarios en la vía o huecos, tenían que andar pendientes de las pelotas de espaldin.


Lo cierto del caso es que ahí está ese pastiche esperpéntico, tan “bello como el encuentro fortuito, sobre una mesa de disección, de un paraguas y una máquina de coser” (Lautréamont dixit), y uno se consuela pensando “bueno por lo menos está Alí y no algún esbirro del puntofijismo”, pero sin duda alguna que El Panita estaría mejor donde, para comenzar, le pudiera llegar la gente, digo yo.



Debemos advertir nosotros sobre el uso de la imagen de nuestro Padre Cantor, como el mismo Alí nos advirtió sobre Bolívar que “no es un pensamiento muerto, ni mucho menos un santo para prenderle una vela”.

jueves, 23 de abril de 2015

Quien no se ha ido debe estar por ahí



Después de tu partida, la utopía dio una vez más un paso hacia adelante. Ellos arremetieron, como siempre, pero ahora con la furia de saber tu ausencia.
A pocas horas de tu partida, seguimos esperando que ordenes, que des orden, que nos digas lo que se te ocurre que hay que hacer.
Cuando te fuiste, dejaste el lienzo a medio hacer, tu retrato del futuro quedó en el aire con la incógnita de los tiempos y de las ideologías.
Antes de irte, una lluvia limpió las pocas cosas impuras que tu entrega no había podido expiar.
Te fuiste y aquellos, algunos y los mismos creyeron que sólo vivías en un discurso, en frases hechas repetidas a cal y canto hasta la credulidad. 
Cuando tus ojos se cerraron al paisaje del mundo, tu mirada alcanzó la profundidad de aquel que mira la sabana. Los ríos, esos ríos que alimentan con su savia las entrañas de la soberanía, ensancharon sus cauces, comprimieron sus saltos, se elevaron a las alturas de los padres tepuyes y regresaron a su origen.
A pocas horas de tu partida hubo grandes movimientos y alianzas, traiciones y delaciones, estallidos luminosos de un camino por comenzar o por terminar.
Muchos alzaron la voz para recordarte, otros siguieron su eterno cántico de los olvidos. Pudiste tú oír los últimos latidos de ese corazón que enseñaste a latir con el estruendo de la libertad. Los más humildes, guardaron una diminuta lágrima para nunca olvidarte. Los soberbios se colocaron en su boca tu nombre, para banalizarte y esperar que el tiempo se hiciera cargo de ti. No pudieron plantar la muerte y tú, estarás peleando mano a mano con El Patrullero, con tus pantalones remangados hasta la rodilla y tu mano izquierda juntando la cola con la boca de la fiera. Luego, con uno de los dientes de la bestia harás una improvisada pelota de béisbol y le lanzarás tus curvas al centro mismo del cosmos para esperar que retorne lo que dormido, sigue escondido de tu pueblo.
Cuando regreses, el día primero del mes uno del año inicial, las hienas se enterarán de tu vuelta. Partirán en carreras por los callejones de la historia y dejarán su fetidez en el ambiente. Luego, todo será perfumado con esencias de café, de mastranto, de cartulina, de marcadores de color, de cuero de guante, de chaqueta tricolor, de betún para lustrar las botas para el desfile, de sudor de mano de hierro que reprime su golpe por ese extraño vínculo con el amor.
Regresarás tal vez no hoy, ni mañana o, quizás, ya estás, o nunca te has ido y, entonces, nunca regresarás, sino que como la garua o el arestín estás esperando el momento preciso para empapar y hacer del lodo provocado por tus humedades, un nuevo ser con el barro de los piaches, con los ríos de todas las corrientes.
Nos dejaste tan presentemente, que ahora no sabemos cuándo, ni dónde, ni por qué estás. Nos dejaste de una forma tan planificada que toda improvisación te resucita y te hace cuerpo y sangre y alma y pedazo de galleta recibida de un niño.
Nos llevaste tan lejos que no salimos del asombro, al no tener al conductor de ese pequeño Volkswagen rojo que rueda por las calles con la mano izquierda alzada y con la derecha haciendo piruetas al volante, en el timón. Ese carrito en el cual cabíam0s todos, hasta tus propios enemigos que fueron perdonados una y otra vez por ti, aún después de haber firmado tu sentencia de muerte.
Cuando creas conveniente puedes hacernos saber qué hacer, o simplemente dinos que por ahora hay que seguir el camino largo de los maramarales de la incertidumbre.
Hoy el enemigo nos sigue mirando fijamente a los ojos esperando que nuestras rodillas claudiquen, quiere seguir el festín y el aquelarre. ¿Será que de verdad creyeron que al matarte se iría la esperanza y el oprobio volvería a enseñorearse en la luminosidad de la Patria?
Hoy te convocamos a una marcha… la misma marcha que tu mente fraguó en ese pequeño pueblo del llano hace 60 años.
¡Arpa maestro que se me rompe el sueño!

jueves, 7 de agosto de 2014

Hacen falta más Centornios



Quiero agradecer la ternura, el sostén y la esperanza de todos los que, en los últimos tiempos, han procurado ayudarme en la búsqueda de lo extraviado. Pero ahora les anuncio que casi casi estoy tranquilo, y que, si lo desean, ya pueden parar de enviar noticias. Porque al fin sé en qué parajes pasta mi unicornio, y porque en prados semejantes ningún amor está perdido.
Silvio Rodríguez: contraportada del LP Unicornio (1982)

Lo que me dijo Fidel un día por teléfono: “Chávez, ¿dónde estás tú ahora?”. “No, salí a caminar por aquí”. “Ah, bueno, andas por ahí”. Y me dijo para despedirse: “Bueno, yo también ando por aquí, y es que tú y yo, Chávez, no somos presidentes, sino somos dos tipos que andamos por ahí”.
Cuentos del Arañero

Debido a su extraña mezcla entre hombre y caballo, el centauro se debate entre el deber y el placer. Un centauro muestra el más alto apego a la disciplina y al espíritu de cuerpo, no en balde su supervivencia depende de su respeto irrestricto a la caballada. Su formación marcial los hace pragmáticos, poco dados a la reflexión: es un ser de acción el centauro. El problema con estas criaturas mitológicas es que debido a su naturaleza animal, son muy dados al hedonismo y a la falta de visión a largo plazo. No les importa pensar, lo suyo es actuar. ¿Son necesarios los centauros? Yo digo que sí. Fundamentalmente porque para tomar el poder hacen falta escaramuzas y tácticas que sólo los centauros manejan, pero, alcanzado el fin, los centauros se arrellanan, se enchinchorran por, como ya dije, su naturaleza animal que les impide seguir más allá de los objetivos conquistados, por eso ganan una colina y pierden la montaña.


Un centauro famoso en la historia de Venezuela fue sin duda José Antonio Páez, El Centauro del Llano. Un pulpero, peón de hato y soldado que, por vicisitudes y la solidaridad propia de los centauros con sus superiores, en este caso con Manuel Antonio Pulido, terminó siendo General en Jefe del Ejercito Independentista, nombrado por el propio Bolívar. Al Páez de Vuelvan Caras, de La Toma de las Flecheras, de Mucuritas, hay que oponerle el Páez de la Cosiata, el presidente de la República, terrateniente y oligarca que vendió las causas y los ideales de la independencia y si no mató pues, fue uno de los autores intelectuales de la muerte de El Libertador.  Digamos entonces que Páez es el símbolo de los centauros criollos. Héroe en la gesta y traidor apoltronado para los ideales. El último Páez tocaba piano, violoncelo, cantaba opera en Valencia y jefeaba a toda la República como un dueño de hato. No se le puede pedir el aliento utópico a un centauro, sus prerrogativas le impiden pensar en lo posible, confunden disciplina con sumisión y lealtad con ciego acatamiento. Al final terminan siendo víctimas de su naturaleza y se entregan al hedonismo y traicionan todo, hasta lo que eran ellos mismos unos años atrás: “ojo que no mira más allá, no ayuda al pie”.


Los unicornios, a diferencia de los centauros, son criaturas combativas en el terreno de lo posible. Defensores de las utopías, saltan a los campos de batalla con su cuerno que parece una espada que ha librado mil batallas. Pero no se quedan ahí, tienen la mirada puesta en el horizonte.  Quizá eso los hace propensos al aislamiento y a la taciturnidad. El estudio del terreno, la caracterización del enemigo y la lealtad a los ideales los hacen seres fantásticos. Martí, Fabricio Ojeda, son ejemplos claros de la unicorniedad, en Nuestra América. Martí combatía con ideas y estudio, sabía que la libertad por las armas poco dura sin el aliento de la reflexión, de la maduración de las acciones, de la planificación y el avance sin demora hacia los valores que se persiguen. Ante el oprobioso congreso de la Cuarta República Fabricio presagiaría: “Si muero no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es ideal y saber de nuestro pueblo. ¡Abajo las cadenas! ¡Muera la opresión! ¡Por la Patria y por el Pueblo! ¡Viva la Revolución!”. 


Cuando en un rapto de centauriedad Martí se lanza, fusil en mano, a derrotar a la bestia que conocía bien, muere como un centauro siendo él un unicornio. Lo mismo le ocurrió a Fabricio. Su espíritu adelantado fue capaz de ver la oscurana por venir, pero también fue capaz de dejar un legado por continuar.


Los Centornios son la mezcla de centauros y unicornios. Seres de pensamiento y acción. Ganan batallas, fraguan ideas. Sus acciones son producto de la convicción, de lo curtido por el sol, de lo meditado. Esta es una criatura realmente fantástica, como vive a medio camino entre lo que pasa y lo que está avizorando, su arrojo y entrega los lleva a extremos. Mueren solos o traicionados o entregados o falseados, parece que el ser que los creo los retira abruptamente para que sigan pastando en otros parajes donde “ningún amor está perdido”.


Los Centornios se empeñaron y se empeñan en que su estirpe se multiplique, al final, como en la fábula del escorpión y la rana, es la propia naturaleza de unicornio o de centauro, quien termina manejando a las nuevas generaciones. Por eso hacen falta más Centornios: Bolívar, Sucre, el Che y nuestro Comandante Chávez, esos, “esos son los imprescindibles”. Las revoluciones deben su existencia a estas extrañas criaturas, que aún conscientes de su papel ante la historia, son capaces de ser “unos tipos que andan por ahí”.